Desde su lanzamiento en 2009, el Bitcoin ha sido celebrado como una alternativa descentralizada, un escudo contra los excesos de las políticas monetarias y un activo capaz de prosperar durante crisis geopolíticas. Sin embargo, a principios de febrero, el activo digital más grande revela sus límites como reserva de valor y medio de intercambio, evidenciando que no es inmune a las turbulencias económicas y a las fluctuaciones del mercado. Esta situación plantea preguntas sobre su papel en la economía global y si realmente puede considerarse una protección fiable en tiempos de incertidumbre.