Balance general, la próxima fase del campo de batalla de liquidez en las criptomonedas

Artículo: Sebastien Davies, socio de Primal Capital

Traducción: Luffy, Foresight News

Durante casi una década, el mundo financiero ha estado obsesionado con construir “vías” como la infraestructura de pagos y transacciones. El debate en torno a los activos digitales casi se ha centrado por completo en: el rendimiento del blockchain, la seguridad criptográfica de las aplicaciones descentralizadas y la elegancia teórica de la lógica de los contratos inteligentes. Ese es el periodo de la infraestructura: una época frenética de construcción de “contenedores”. De 2020 a 2024, la industria construyó sin descanso tuberías, bóvedas y pasarelas, intentando modernizar la forma en que el valor circula.

Durante esta etapa, el crecimiento del mercado cripto se concentró intensamente en la infraestructura, porque sin ella la participación institucional era, en esencia, imposible. Creamos una plataforma de custodia a nivel empresarial, API de exchanges estandarizadas y servicios de cumplimiento on-chain para cubrir cinco brechas centrales: custodia, trading, ejecución, utilidad de stablecoins e informes regulatorios.

Pero la industria ahora se enfrenta a una verdad básica de la historia financiera: la infraestructura es un requisito previo necesario para la actividad financiera, pero el balance determina quién puede capturar el valor económico.

Tener vías más rápidas y transparentes, por sí mismo, no cambia el centro de gravedad gravitacional del mercado. La infraestructura resuelve el problema técnico de “cómo participar” para las instituciones, pero pasa por alto un problema más crítico: quién captura el valor.

En la era de la reconstrucción de base, la asignación de valor seguía anclada al modelo tradicional: los market makers centralizados ganaban el spread, los tenedores tempranos disfrutaban la apreciación y los validadores obtenían las comisiones de las transacciones. En esa fase no se creó una nueva estructura de balance, por lo que tampoco se cambió el lugar donde se depositan los fondos, ni se alteró desde la raíz la estructura de la creación de crédito.

Un argumento común en contra es: “Las vías” son el motor central del valor, porque reducen las barreras de entrada, hacen realidad la democratización financiera y, por tanto, desplazan el poder económico hacia el borde. Los defensores sostienen que la tecnología open source y sin permisos, por sí misma, es una fuerza de cambio. Para el mundo cripto nativo, dominado por minoristas, es un relato fascinante, pero no resiste el examen de la realidad institucional.

En los mercados financieros maduros, las instituciones se preocupan más por la eficiencia del capital y el rendimiento ajustado por riesgo que por la eficiencia de costos. Una institución no moverá 12.6k de dólares solo porque las comisiones sean más bajas; traslada fondos porque el balance donde esos fondos residen puede proporcionar un retorno mejor o una utilidad de colateral más eficiente.

La infraestructura solo hace posible la entrada; el balance es el activo estratégico que decide quién gana el diferencial.

La historia financiera lo demuestra una y otra vez: la infraestructura no es la clave del poder de mercado; el balance sí lo es. El auge del mercado de eurodólares en Europa en los años 60 no necesitó nuevas vías de pagos ni nuevas tecnologías financieras; solo necesitó la salida de depósitos de dólares del sistema bancario estadounidense. Una vez que esos balances se trasladan, aparece un sistema paralelo de dólares: enorme en escala y, en gran medida, sin estar sujeto a la supervisión regulatoria dentro de EE. UU.

Ahora estamos entrando en una nueva etapa que comienza en 2025: la fase de reconfiguración de los balances institucionales. El frente ha pasado de la capa de protocolos a la capa de asignación de liquidez. La etapa anterior se centró en construir plataformas; la siguiente se enfocará en los movimientos de los participantes y el flujo de fondos.

En 2024, un tesorero al elegir dónde guardar la caja ya podía, técnicamente, mantener USDC con instalaciones de custodia maduras, pero en términos de rendimiento económico, los depósitos bancarios tradicionales con seguro FDIC y tasas atractivas eran más atractivos. La infraestructura ya estaba lista, pero el balance aún no se había trasladado. A medida que el entorno regulatorio pasa de un diseño abstracto de políticas a una implementación concreta, esta reconfiguración se vuelve posible.

La siguiente fase de la adopción generalizada de criptomonedas no la determina la infraestructura, sino el flujo del balance hacia nuevos destinos.

Puertas para la ejecución en el mundo real

Durante la mayor parte de la última década, la participación institucional estuvo limitada, no por falta de imaginación o tecnología, sino porque no era posible integrar los activos digitales en un balance regulado. Las instituciones no necesitaban solo una billetera que “sirviera”; la claridad legal, métodos contables concretos y estructuras de gobernanza estrictas eran requisitos mínimos.

Sin una definición de custodia ampliamente aceptada y sin una ruta de cumplimiento clara, ninguna entidad regulada puede asumir el riesgo de contaminar su balance. La adopción a gran escala quedó atrapada en un “juego de espera”: bancos y gestores de activos esperan señales inequívocas para confirmar que pueden desplegar fondos sin incurrir en riesgos legales fatales.

La era del debate de políticas terminó; en su lugar llegó la fase de implementación operativa. El “GENIUS Act” aprobado en mayo de 2025 se convirtió en el catalizador decisivo: estableció un marco regulatorio nacional para los pagos con stablecoins y, finalmente, proporcionó la base legal para la asignación de balances.

La ley establece un proceso federal de licenciamiento y exige que las stablecoins estén respaldadas con 100% de reservas apoyadas por instrumentos reconocidos por el gobierno, transformando los activos digitales de un producto novedoso y especulativo en una herramienta financiera reconocida. En agosto de 2025, la SEC finaliza una investigación prolongada sobre el protocolo Aave sin emprender acciones de enforcement, despejando por completo la niebla regulatoria que reprimía la participación institucional en DeFi.

El foco ahora se desplaza hacia los detalles regulatorios. En febrero de 2026, la Oficina del Contralor de la Moneda de EE. UU. (OCC) publica reglas propuestas integrales para implementar el “GENIUS Act”, creando un marco para “emisores de stablecoins de pagos en cumplimiento”. Esta medida es significativa: ofrece criterios prudenciales concretos, cubriendo la composición de las reservas, ratios de suficiencia de capital y resiliencia operativa, para que el director de riesgo (CRO) o el comité de gestión de balance pueda aprobar formalmente estrategias de activos digitales. El “GENIUS Act” ya ha integrado la regulación del blockchain dentro del sistema de gobernanza de las mayores instituciones financieras del mundo.

Pero para entender por qué el cambio ocurre en este momento, también hay que reconocer la inercia del balance que define el comportamiento institucional. La banca está restringida por requisitos estrictos de capital regulatorio; por cada dólar de activos ponderados por riesgo se necesita capital. Si los depósitos bancarios se desplazan hacia stablecoins, entonces deben recortarse los préstamos en proporción para mantener esos ratios de suficiencia de capital. Es una contracción dolorosa y costosa, con efectos en cadena para toda la economía. Esto también explica por qué la adopción de stablecoins ha sido tan lenta. La integración técnica completa requiere de seis a dieciocho meses; en cambio, los ciclos de gobernanza como auditorías y revisiones del consejo requieren más tiempo para completarse.

El entorno actual entra en una fase de aceleración compuesta. JPMorgan, Citigroup, Bank of America y otros pioneros comienzan a lanzar soluciones de liquidación de stablecoins, enviando una señal clara al mercado: el riesgo de “tomar ventaja” ha sido reemplazado por el riesgo “ya superado”.

Estamos en una etapa de presión competitiva; la participación entre pares reduce el riesgo de adopción de toda la industria. A medida que esas restricciones institucionales se relajan, se desbloquea el camino para que la liquidez migre desde los sistemas tradicionales hacia contenedores digitales programables. Esta transición nos obliga a replantear la esencia de los fondos: debemos dirigir la atención hacia el “contenedor” que sostendrá la liquidez global de la siguiente generación.

Dónde reside la liquidez

Para entender la magnitud de esta transformación, primero hay que reconocer la estabilidad histórica de los “contenedores” financieros. En cada era monetaria, la liquidez finalmente necesita un destino. No es solo una necesidad de almacenamiento técnico, sino una demanda global sostenida de activos seguros a corto plazo.

Durante cientos de años, la liquidez se ha concentrado en un número limitado de estructuras claramente definidas: balances de bancos comerciales, reservas de bancos centrales y fondos del mercado monetario. Cada contenedor tradicional actúa como intermediario, capturando el valor económico generado por el capital que mantienen.

Esto determina que la existencia de intermediarios financieros resuelve un desajuste: la operación global genera efectivo en una cantidad muy superior a la que se puede destinar de inmediato a usos productivos; surge un excedente permanente de liquidez, y esos fondos buscan un lugar seguro donde asentarse.

Tradicionalmente, los bancos comerciales absorben estos excedentes como depósitos e invierten en activos a largo plazo como préstamos hipotecarios y préstamos corporativos, ganando un diferencial de manera considerable. Ese net interest margin (margen neto de intereses) es el indicador central de los bancos comerciales. Los accionistas bancarios son los principales beneficiarios del diferencial; los ahorristas solo reciben una pequeña parte de los beneficios a cambio de liquidez y del respaldo de un seguro gubernamental.

La infraestructura de activos digitales introduce un tipo completamente nuevo de “contenedor” que compite directamente por ese capital. Esta reconfiguración económica va mucho más allá de una simple actualización tecnológica. Cuando la liquidez pasa de los bancos a pools de reservas de stablecoins o a fondos de bonos del Tesoro tokenizados, el sujeto que captura los rendimientos cambia de forma fundamental.

Por ejemplo, en un pool de reservas de stablecoins, el emisor (como Circle, Tether) obtiene el spread entre el rendimiento de los bonos del Tesoro subyacentes y los intereses pagados a los tenedores de los tokens (normalmente cero). En esencia, transfiere “el valor económico de residir” desde el departamento bancario hacia los emisores de activos digitales.

Además, estos nuevos contenedores tienen transparencia y programabilidad que no pueden compararse con las estructuras tradicionales. En marzo de 2026, el valor de mercado de los fondos de Tesoro tokenizados superó los 11.500 millones de dólares, lo que representa una evolución estructural en la que los rendimientos del activo subyacente se atribuyen directamente a los tenedores.

Esto crea fuertes incentivos económicos: un tesorero experimentado ya no necesita elegir entre seguridad bancaria y rendimiento del fondo; puede mantener un fondo tokenizado que combine activos con rendimiento y la función de un medio de liquidación de alta velocidad. Al redefinir hacia dónde fluye la liquidez, la infraestructura digital no solo construye nuevas “vías”, sino que crea un mercado competitivo para los balances que respaldan la economía global.

Reconfiguración de fondos impulsada por stablecoins

Las stablecoins representan por primera vez un traslado masivo de liquidez a nuevos balances de activos financieros, marcando el paso del dinero digital de ser una rareza a convertirse en un componente central de la infraestructura financiera.

El tamaño del mercado de stablecoins está cerca de su máximo histórico, en 311 mil millones de dólares, con un crecimiento anual del 50%–70%. Este crecimiento derriba el discurso de que “solo es un fenómeno especulativo”. Estamos siendo testigos de una verdadera “reconfiguración del dólar”: el capital sale de la infraestructura bancaria tradicional y entra en sistemas de liquidación programables.

El impacto económico de esta migración se ve especialmente en el efecto de sustitución de depósitos.

Cuando una empresa o inversionista institucional transfiere 100 mil millones de dólares desde depósitos bancarios tradicionales a contenedores de stablecoins como USDC, la capacidad de generación de ganancias del sistema bancario se ve severamente afectada. En el modelo tradicional, esos 100 mil millones de dólares pueden sostener préstamos bancarios y generan alrededor de 3.000 millones de dólares al año de net interest margin. Cuando los fondos migran a las reservas del emisor de stablecoins, esos rendimientos se desintermedian. Los bancos pierden depósitos, su capacidad de prestar se encoge y el diferencial pasa a ser capturado por el emisor de stablecoins.

Este cambio tiene consecuencias profundas para la creación de crédito y la estabilidad financiera.

Un estudio publicado a finales de 2025 por economistas de la Reserva Federal enfatiza: en un escenario de alta adopción de stablecoins, los depósitos bancarios podrían disminuir entre 65.000 millones y 1,26 billones de dólares. Esto podría remodelar la forma en que se suministra crédito económico. Los bancos regionales que dependen en gran medida de depósitos estables para prestar localmente son los más vulnerables en esta migración. A medida que los ahorristas buscan la ventaja de liquidación 7×24 de las stablecoins, la “prima por fondos en tránsito” que los bancos han dependido durante mucho tiempo cae rápidamente en atractivo.

Como respuesta, la banca pasó de dudar a participar.

A finales de 2025 y comienzos de 2026, JPMorgan, Citigroup y Bank of America anunciaron el lanzamiento de infraestructuras de liquidación de stablecoins propias; no para “destruir” su propio negocio, sino para mantener su importancia como contenedores de liquidez. Estas instituciones entienden que, hacia el futuro, el valor económico se inclinará hacia los emisores de contenedores digitales. Al emitir ellos mismos, los bancos buscan capturar el rendimiento de las reservas que, de otro modo, fluiría a los nuevos entrantes.

Por supuesto, esta gran reconfiguración de efectivo es solo el preludio. A medida que los nuevos contenedores de liquidez se estabilizan, el frente se desplaza hacia un territorio de colaterales más complejo, y hacia el sistema de apalancamiento que sustenta las finanzas globales.

Colateral programable

Si la migración de efectivo impulsada por stablecoins fue la primera ola de cambio, la migración de colaterales representa una reconfiguración más fundamental del mecanismo central de apalancamiento del sistema financiero.

Los mercados financieros modernos, en esencia, son una enorme red de deudas colateralizadas. Solo en el mercado de repos (repo) de EE. UU., el tamaño diario del préstamo de valores es de 2–4 billones de dólares. Sin embargo, esta infraestructura clave aún está lastrada por “ventanas discretas de liquidación” en la banca tradicional. En el entorno actual, los colaterales solo se mueven durante el horario bancario; la custodia fragmentada significa que los valores que una entidad bancaria tiene no pueden usarse de inmediato para cumplir con los requerimientos de margen de otra entidad bancaria. Esta fricción inmoviliza el capital, lo vuelve ineficiente y no permite responder a la volatilidad del mercado en tiempo real.

La tokenización convierte los colaterales de activos estáticos y limitados por ubicación en instrumentos programables y de alta rotación.

Al tokenizar activos del mundo real (RWA) como los bonos del Tesoro de EE. UU., las instituciones pueden transferir esos activos y liquidarlos de forma atómica en cualquier momento, durante 24 horas. El crecimiento del mercado es rápido: a 1 de abril de 2026, el tamaño del mercado de RWA tokenizados ronda los 28.000 millones de dólares, y los bonos del Tesoro tokenizados representan casi la mitad. Este crecimiento lo impulsan productos a nivel institucional como BlackRock BUIDL y Franklin Templeton BENJI, entre otros. Los tenedores pueden obtener, a la vez, el rendimiento del 5% de los valores gubernamentales subyacentes y mantener la liquidez y capacidad de despliegue del token.

Valor de los activos RWA, fuente: RWA.xyz

La innovación real está en la eficiencia del colateral.

En operaciones tradicionales de repo, los inversionistas pueden tener que aceptar un gran descuento, o esperar días para desbloquear y transferir los valores entre entidades custodias. En cambio, los colaterales tokenizados tienen componibilidad. Un inversionista institucional que mantiene tokens BUIDL por 100 millones de dólares puede pedir prestados stablecoins instantáneamente en protocolos como Aave con un ratio del 95%, capturando oportunidades tácticas. El colateral no necesita salir del entorno digital; en lugar de eso, se reevalúa continuamente mediante revaluación automática a través de oráculos de precios, y cualquier llamada de margen se gestiona mediante liquidación inmediata y automática.

Este cambio desplaza la “economía de los dealers” hacia la “economía de los protocolos”.

En el mercado tradicional de repos, los grandes bancos dealers actúan como intermediarios: toman prestado a una tasa y prestan a otra, ganando aproximadamente 50 puntos básicos de spread. En el ecosistema tokenizado, los tenedores de colateral pueden auto-emparejarse en mercados de préstamos DeFi, usando software como intermediario, capturando todo el spread. Aunque la implementación a escala aún requiere varios años, esta transición podría mover decenas de miles de millones de dólares en ganancias anuales desde el sector de los dealers tradicionales hacia la gobernanza de protocolos y los tenedores de activos.

El mecanismo de los colaterales tokenizados descompone la muralla de liquidez de los grandes dealers mediante liquidación atómica. El proceso institucional, a grandes rasgos, es así:

Tokenización: activos de alta liquidez como los bonos del Tesoro de EE. UU. se empaquetan digitalmente (como BUIDL) y se convierten en tokens móviles 24 horas.

Presentación instantánea: el equipo de finanzas puede enviar colateral tokenizado al protocolo de préstamos el domingo a las 10 p. m., sin esperar hasta el lunes por la mañana para una transferencia bancaria.

Valuación en tiempo real: los contratos inteligentes revalúan el precio de mercado del colateral cada pocos segundos mediante oráculos, en vez de una vez por día, elevando drásticamente el loan-to-value.

Retención de rendimientos: mientras el activo esté ocupado como colateral, el inversionista sigue ganando el rendimiento de los bonos del Tesoro subyacentes, logrando “rendimiento acumulado”.

Para equipos de finanzas corporativas o de gestión de activos, esto es una reevaluación fundamental del valor de activos ociosos.

En el modelo tradicional, un tesorero necesita mantener grandes colchones de efectivo con baja tasa para hacer frente a llamadas de margen inesperadas y necesidades operativas. Con colateral tokenizado, ese colchón puede invertirse de forma continua en bonos del Tesoro con rendimiento, porque estos activos pueden realizarse en segundos en lugar de días. Esto elimina el “descuento por liquidez” que los activos de largo plazo históricamente han sufrido.

Para la industria bancaria, el impacto también es profundo.

Los bancos han dependido durante mucho tiempo del “dinero en tránsito” del mercado de repos y del spread de intermediación. A medida que el colateral se vuelva programable y se auto-empareje, ese peaje de paso desaparecerá. Por eso canales institucionales como la red Anchorage Atlas y los proyectos internos de tokenización de JPMorgan son tan cruciales: son intentos de construir una nueva muralla antes de que la competencia enfrente los antiguos muros por parte de instituciones.

El cambio de efectivo a colateral marca la transición del sistema financiero desde una serie de “eventos discretos” hacia una “fluidez continua”. Las instituciones que no adapten sus balances a este nuevo flujo de capital encontrarán que su capital se vuelve cada vez más estático y cada vez más caro.

A primera vista, solo es una mejora en la velocidad de liquidación; en esencia, implica una reconfiguración completa de la asignación de capital, la valuación y la forma de intermediación.

Curva de adopción S

La migración de los balances institucionales no es una ruptura de la noche a la mañana; es una absorción gradual que, finalmente, acelera hasta una explosión. Esto es una realidad “Web2.5”: la tecnología blockchain se integra en la arquitectura financiera existente, en lugar de reemplazarla.

La adopción institucional hoy está limitada por la inercia del balance: requisitos de capital regulatorio, aprobaciones del comité de riesgos y sistemas tecnológicos tradicionales son lastres enormes. Los bancos no pueden simplemente “girar un interruptor” y mover activos; deben mantener estrictas proporciones de capital de Nivel 1 para asegurarse de que transferir depósitos a contenedores digitales no obligue a que el negocio de préstamos se reduzca.

A pesar de estos obstáculos, la adopción de infraestructura de activos digitales avanza siguiendo una curva S clara, de forma similar a cómo se popularizaron tarjetas de crédito e Internet a lo largo de décadas.

Entre 2015 y 2024, el mercado estuvo en una etapa de experimentación y confusión regulatoria, y el crecimiento se vio frenado por la incertidumbre. Ahora entramos en la etapa de presión competitiva (2025–2026): regulación clara, estándares de infraestructura estandarizados. “No eres el primero, pero tampoco el último” se convierte en la motivación central para los tesoreros institucionales. A medida que más bancos ven que sus pares participan en la liquidación con stablecoins y en fondos tokenizados de bonos del Tesoro, el riesgo percibido de la adopción cae de forma drástica.

El tamaño actual del mercado proporciona la base para un crecimiento acelerado: las transferencias anuales de activos digitales de Fireblocks superaron 5 billones de dólares, el mercado de activos tokenizados institucionales crece con rapidez y los nuevos canales del sistema ya están listos a nivel de producción. La estandarización de la infraestructura permite a los bancos construir sobre sistemas maduros, sin tener que re-desarrollar sistemas propietarios.

De cara a 2027 y más allá, aún existen varios “multiplicadores de política” que podrían acelerar aún más la migración. Si los emisores de stablecoins pudieran acceder directamente a las cuentas principales de la Reserva Federal, o si mediante mecanismos de “recompensas” de consorcios se relajaran las restricciones del “GENIUS Act” sobre la limitación de intereses para stablecoins de pagos, la velocidad de transferencia de depósitos desde los libros bancarios tradicionales hacia contenedores digitales podría acelerarse de manera significativa.

El sistema ya está preparado para entrar en un ciclo positivo: más liquidez de stablecoins atrae más aplicaciones DeFi, que a su vez atraen más capital institucional, y finalmente se consolida un panorama financiero reconfigurado. La “batalla de las vías” terminó; el foco cambia por completo hacia la gestión estratégica del balance.

Los ganadores finales

Pasar de la era de la infraestructura a la era del balance marca que el debate sobre activos digitales pasa de un borde tecnológico a convertirse en el núcleo de la macroeconomía global.

Durante años, la industria asumió que construir “mejores vías” necesariamente trae consigo un sistema mejor. Ahora lo entendemos: las vías son solo una invitación; la transformación ocurre de verdad cuando migra el capital.

En la práctica, la “batalla de las vías” ya fue ganada por un stack tecnológico estandarizado a nivel institucional: custodia MPC, fondos de bonos del Tesoro tokenizados y un marco federal regulatorio para stablecoins.

El nuevo campo de batalla es: el balance de los que poseen la liquidez global y los colaterales finales.

De aquí a 2027–2030, la ventaja estructural pertenecerá a los actores que administren con mayor eficiencia estos nuevos “contenedores digitales”. A medida que los ahorristas valoran cada vez más la liquidación 7×24 de stablecoins y una utilidad con mayor rendimiento, el margen neto de intereses de los bancos comerciales seguirá bajo presión. Las grandes empresas y los inversionistas institucionales podrían trasladar sus principales funciones de ahorro y finanzas a los mercados DeFi y de RWA, y la transparencia de los protocolos comprimirá al máximo el diferencial de intermediación.

Esto no es el fin de los bancos tradicionales, pero sí el fin de la era en la que los bancos eran un almacén barato de capital estático e inimpugnable.

Los ganadores en la nueva era serán los “híbridos Web2.5”: instituciones que entienden que ya no son solo prestamistas, sino administradores de liquidez programable. Para 2030, se prevé que el tamaño del mercado de stablecoins se acerque a 2 billones de dólares y que la frontera entre criptomonedas y finanzas desaparezca casi por completo. El sistema integrará por completo la eficiencia de las vías en la estabilidad del balance.

En este panorama de reconstrucción, el poder financiero no pertenece a los innovadores tecnológicos, sino a quienes controlan el contenedor final de la liquidez global y los colaterales.

En la última década, las criptomonedas han estado construyendo infraestructura para permitir la participación institucional. En la próxima década, se decidirá en qué lugar termina asentándose finalmente el balance institucional.

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