La tasa de natalidad total de 0.72 en Corea del Sur, que indica un cambio radical en la transferencia de activos entre generaciones y en las estrategias de inversión
Estamos en un punto de inflexión múltiple en la historia. Los tres pilares que han sustentado la economía mundial en los últimos 40 años —el bono demográfico, la división del trabajo impulsada por la globalización y los avances tecnológicos generalizados— están enfrentando una transformación estructural simultánea. Esto no es una advertencia de crisis, sino una realidad que los inversores deben afrontar de frente. En particular, la caída de la tasa de natalidad total en Corea, que ha llegado a 0.72, no es solo una estadística nacional, sino una indicación de un cambio tectónico en la economía global. Los próximos 10 años (2026-2035) serán una era en la que la estructura de la riqueza y las estrategias de inversión serán reconfiguradas de manera fundamental.
La crisis profunda que revela la “huelga de nacimiento” en la estructura social
Comencemos con los datos impactantes de Corea. La tasa de natalidad total en 2023 fue de 0.72, lo que significa que, en promedio, una mujer tendrá solo 0.72 hijos a lo largo de su vida. Este número está muy por debajo de lo que sería una dinámica poblacional normal, y claramente indica que los cimientos sociales están temblando.
En Japón, la situación también es grave. Se prevé que en 2025 los nacimientos caigan por debajo de 670,000, marcando el nivel más bajo desde que comenzaron las estadísticas en 1899. La velocidad de descenso incluso supera las predicciones más pesimistas del gobierno, lo que demuestra cuán radical es este fenómeno.
Detrás de esto hay un movimiento social real en Corea: la “movilización 4B” —“No casarse, no tener hijos, no enamorarse, no tener sexo”—. Aunque suena a ciencia ficción, es una realidad. La esencia de este movimiento es una “huelga de reproducción” contra el patriarcado capitalista. Bajo múltiples presiones —discriminación de género en el trabajo, distribución injusta de la carga de la crianza, estereotipos sociales—, las jóvenes han llegado a la conclusión racional de que “eliminar la descendencia” es la mejor opción.
El resultado es catastrófico. La velocidad de envejecimiento en Corea es la más rápida del mundo, y se estima que en 2065 la mitad de la población tendrá más de 65 años. Esto afectará no solo el sistema de pensiones, sino también la estructura de personal para la defensa nacional, generando un impacto profundo.
En Japón, los jóvenes caen en un estado de “baja aspiración”, sin interés en casarse ni tener hijos, y han perdido la creencia en la idea de que “el esfuerzo lleva a la prosperidad”. Lo que buscan ahora es satisfacción personal de bajo costo, una visión de vida “horizontal” al estilo budista.
Los países desarrollados occidentales tampoco son inmunes: la expansión del “vacío económico”
Este fenómeno no es exclusivo de Asia Oriental. En los países occidentales también se observa una tendencia demográfica similar, aunque las causas difieren, el resultado es el mismo.
La generación nacida en los 2000, conocida como la “Generación Z”, está envuelta en un profundo “vacío económico”. Han vivido en primera persona la crisis financiera de 2008, la expansión cuantitativa ilimitada en 2020 y la posterior inflación elevada. Por mucho que se esfuerce, sienten que el “sueño americano” o la vida de clase media están fuera de su alcance. La escalada de los precios inmobiliarios hace que comprar una casa sea una esperanza casi inalcanzable.
Cuando el diseño de vida tradicional —tener una casa, un coche, formar una familia— se vuelve inalcanzable, los jóvenes naturalmente optan por “disfrutar el presente” con sus recursos, o invierten en activos digitales de alto riesgo con la esperanza de “cambiar su vida”.
Tener hijos es, para ellos, un proyecto típico de “alto costo, largo plazo y bajo retorno inmediato”. Desde un cálculo económico racional, se excluye naturalmente de sus planes de vida.
Además, la “ansiedad climática” influye decisivamente en sus decisiones. Muchos jóvenes occidentales consideran tener hijos como “una acción inmoral que trae nuevas vidas a un mundo condenado a la destrucción”, una reflexión ética profunda que va más allá de consideraciones económicas.
La transferencia intergeneracional de activos de 84 billones de dólares: la aceleración hacia los activos digitales
Comprender esta tendencia de “reducción activa de población” revela el mayor evento en la próxima década: la mayor transferencia intergeneracional de riqueza en la historia de la humanidad.
En los próximos 20 años, especialmente en la década 2026-2035, se transferirán aproximadamente 84 billones de dólares del boom de la posguerra a las generaciones millennial y nacida en los 2000. Esto no es solo un movimiento de dinero, sino un cambio en la “naturaleza” del capital.
La riqueza de los baby boomers se concentra principalmente en bienes raíces, acciones blue-chip y fondos de pensiones tradicionales, confiando en la “retención a largo plazo” y la “inversión en valor”. Pero los nacidos en los 2000 son nativos digitales, criados en medio de internet, crisis financieras y burbujas de activos. ¿Seguirán la lógica de inversión de sus padres?
La respuesta es muy probable que no. La mayor parte del capital se dirigirá hacia activos digitales, especialmente criptomonedas y alternativas de inversión, que serán el principal combustible para esta transferencia. Esto encaja perfectamente con la tendencia del “vacío económico” antes mencionada.
Tres razones para preferir activos digitales
Desconfianza en el sistema financiero tradicional
Los nacidos en los 2000 han sido testigos directos de la crisis de 2008. Perciben que las monedas fiduciarias pierden valor continuamente y que el sistema bancario tradicional es ineficiente y controlado por unos pocos. Las criptomonedas descentralizadas como Bitcoin no son solo una inversión, sino un “activo refugio” y una forma de “protesta silenciosa”.
La inaccesibilidad de bienes raíces y su sustitución
El aumento de precios inmobiliarios y las predicciones de declive poblacional hacen que el valor a largo plazo de los bienes raíces sea incierto. Los jóvenes se sienten atraídos por activos digitales, que ofrecen alta liquidez, menor barrera de entrada y potencial de crecimiento explosivo.
Alta aversión al riesgo y deseo de “hacer una fortuna rápida”
Ya no se conforman con un retorno del 4-5% anual. La adopción de criptomonedas en los jóvenes es tres veces mayor que en sus padres, inclinándose hacia la especulación. La mentalidad de “la vida solo se vive una vez y hay que apostar todo” será un factor clave en la volatilidad del mercado en la próxima década.
Desdolarización y activos digitales: buscando una nueva base financiera
Con la transferencia intergeneracional en marcha, los próximos 10 años (2026-2035) serán cruciales para la desdolarización y la consolidación de los activos digitales. Esta tendencia no solo responde a factores geopolíticos, sino que está profundamente arraigada en las preferencias de inversión de los jóvenes.
El tamaño de la deuda de EE. UU. entrará en una fase de crecimiento insostenible. La Reserva Federal se verá forzada a monetizar en gran escala el déficit fiscal, imprimiendo dinero de forma continua, lo que erosionará la confianza en los activos en dólares en todo el mundo.
Los bancos centrales de cada país considerarán al oro como la primera reserva alternativa. Pero para los inversores jóvenes con grandes fondos, Bitcoin y las stablecoins serán el “oro digital” y el “dólar digital”. Lo ven no solo como herramientas especulativas, sino como un “Arca de Noé” contra la pérdida de poder adquisitivo de las monedas fiduciarias.
Al mismo tiempo, llegará una tendencia masiva de “tokenización de activos del mundo real” (RWA). Los jóvenes preferirán transacciones fragmentadas, 24/7, colocando en blockchain bienes como viviendas, obras de arte y bonos del Estado, aumentando la liquidez de los activos y redefiniendo la propiedad —“mi clave privada es mi propiedad”—. Esto será una de las mayores actualizaciones en infraestructura financiera en la próxima década, democratizando activos que antes tenían altas barreras de entrada.
El efecto Cantillon tecnológico: distribución no universal de la riqueza en la era de la IA
El progreso irreversible de la IA y los robots no es sin consecuencias. Existe un malentendido común: que el avance tecnológico beneficia automáticamente a todos. La ola de IA entre 2026 y 2035 probablemente agravará la desigualdad social. A esto llamaremos el “Efecto Cantillon tecnológico”.
En el efecto Cantillon clásico, la moneda recién impresa favorece inicialmente a quienes están más cerca de la máquina de impresión, enriqueciendo a los primeros en beneficiarse, y perjudicando a los últimos con la inflación. Lo mismo aplica en la era de la IA.
Los recursos clave de producción de la IA son la capacidad de cálculo, los datos y los modelos algorítmicos, que están altamente concentrados en unas pocas grandes tecnológicas y primeros inversores. La mayoría de la población no podrá poseer estos activos centrales.
A medida que la IA aumenta la productividad, la riqueza generada primero se reflejará en beneficios explosivos para las empresas tecnológicas y en subidas de sus acciones. Los accionistas y ejecutivos de estas compañías serán los “más cercanos a la máquina de impresión tecnológica”, disfrutando primero de los beneficios.
Para los trabajadores comunes, la IA no será una bendición, sino un “competidor”. Aunque los salarios nominales puedan subir, los aumentos en los precios de los activos (vivienda, acciones, educación, salud) no seguirán ese ritmo. La población general soportará tanto el “efecto deflacionario de la tecnología” (presión salarial) como el “efecto inflacionario de los activos” (desigualdad creciente).
Por ello, la estrategia de inversión debe ser clara: invertir en empresas que posean robots y hacer cortos en la mano de obra susceptible a la automatización. Debemos ser accionistas de la tecnología, no convertirse en su costo.
La emergencia de los mercados de predicción: la “gamificación” de los mercados financieros
Las turbulencias macroeconómicas y los cambios en el comportamiento inversor de los jóvenes están transformando profundamente los mercados financieros. La función tradicional de “descubrimiento de valor” se debilita, y surgen rápidamente “mercados de predicción de eventos” que sirven para cubrir incertidumbres y especular.
Plataformas como Polymarket y Kalshi han experimentado un crecimiento explosivo desde 2024 hasta 2025. Los usuarios pueden apostar dinero real a resultados específicos: elecciones, decisiones de la Reserva Federal, conflictos geopolíticos. Tras la aprobación regulatoria, Kalshi ha llegado a captar más del 60% del mercado mundial en ciertos momentos.
Esto no es solo juego, sino una herramienta de cobertura avanzada para inversores institucionales. A diferencia de los instrumentos tradicionales (oro, bonos), los mercados de predicción permiten coberturas precisas a nivel de eventos. Además, sus precios reflejan con frecuencia la opinión pública más que las encuestas, agrupando la sabiduría de la multitud en una “verdad” que puede ser más fiable.
Pero, con el flujo de fondos desde mercados tradicionales hacia estos mercados de predicción, surgen dos riesgos principales:
Primero, la “virtualización financiera”: el dinero se desplazará de empresas reales a juegos de suma cero, donde los jóvenes, en lugar de analizar los estados financieros, preferirán apostar en estos mercados, erosionando aún más la base del valor.
Segundo, la “distorsión y reflexividad de la realidad”: si los mercados de predicción crecen mucho, podrían influir en los resultados reales, manipulando la opinión pública o difundiendo desinformación, haciendo que los mercados financieros se conviertan en un instrumento que esclaviza a la realidad, donde la “verdad” se vuelve un juguete del capital.
Estrategia de activos para 2026-2035: un enfoque de equilibrio extremo
Con todo lo anterior, propongo una estrategia de asignación de activos para la próxima década que no se limite a la diversificación tradicional. Lo que se necesita es un “estrategia de equilibrio extremo”.
En el frente ofensivo, hay que aceptar la “monopolización tecnológica” y la “escasez digital”.
Primero, invertir en los beneficiarios del “Efecto Cantillon tecnológico”: concentrar en acciones, en las grandes tecnológicas que controlan capacidades de cálculo, datos privados y modelos de IA general. En la era de los “ganadores que se llevan todo”, las empresas tecnológicas de segundo nivel tendrán menos espacio para sobrevivir.
Luego, invertir en “escasez digital”: Bitcoin (actualmente $68.41K, -0.97% en 24h) es un activo clave contra la pérdida de valor de las monedas fiduciarias y debe ocupar un lugar importante en carteras de inversión de crecimiento. A medida que la generación nacida en los 2000 gane influencia, los activos digitales disfrutarán de un premium de liquidez.
Además, buscar en mercados emergentes “el residual del bono demográfico”. Evitar Asia Oriental, centrarse en India y el sudeste asiático, pero con cautela respecto a la capacidad de infraestructura y estabilidad política.
En el frente defensivo, hay que cubrirse contra “confusión” y “riesgos eventuales”.
Los inversores institucionales deben establecer estrategias específicas en plataformas reguladas como Kalshi para gestionar riesgos geopolíticos y de políticas abruptas.
Los activos reales también son clave. En un contexto de “vacío económico”, las buenas propiedades en ciudades principales y tierras en zonas con oferta limitada y refugio de “viejos ricos” mantendrán su valor, pero hay que tener cuidado con los riesgos de impuestos a la vivienda y concentrarse en regiones con oferta muy restringida.
Por último, el oro sigue siendo la reserva de activos no política, sirviendo como cobertura ante crisis de deuda soberana y como base de la asignación.
Activos a evitar
Los servicios laborales de bajo costo y alta intensidad, dependientes del aumento de la mano de obra, enfrentan doble presión por el encarecimiento de los costos laborales y la automatización por IA, poniendo en riesgo sus márgenes.
Las acciones tradicionales de consumo dependientes del crecimiento poblacional también son peligrosas. En una sociedad de “reducción activa de población”, el crecimiento de empresas en productos para bebés, moda masiva y bienes de consumo dependientes de la formación familiar se verá severamente afectado a largo plazo.
Conclusión: cómo afrontar la gran transformación
2026-2035 será una era de “gran selección”. La clave será detectar si se puede percibir la desesperación detrás de la tasa de natalidad de 0.72 en Corea, la privación detrás del “Efecto Cantillon” tecnológico, y la virtualización detrás de la “virtualización financiera”. La capacidad de distinguir estas realidades determinará si se puede preservar y aumentar la riqueza en esta gran transformación.
En un mundo que ya no ofrece un retorno beta universal, solo quedan alfa extremos. En esta nueva era, podemos ser accionistas tecnológicos, ganadores en eventos o simplemente convertirse en observadores de la época. La reconstrucción de la estrategia de inversión no es solo gestión del dinero, sino una visión para leer los tiempos.
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La tasa de natalidad total de 0.72 en Corea del Sur, que indica un cambio radical en la transferencia de activos entre generaciones y en las estrategias de inversión
Estamos en un punto de inflexión múltiple en la historia. Los tres pilares que han sustentado la economía mundial en los últimos 40 años —el bono demográfico, la división del trabajo impulsada por la globalización y los avances tecnológicos generalizados— están enfrentando una transformación estructural simultánea. Esto no es una advertencia de crisis, sino una realidad que los inversores deben afrontar de frente. En particular, la caída de la tasa de natalidad total en Corea, que ha llegado a 0.72, no es solo una estadística nacional, sino una indicación de un cambio tectónico en la economía global. Los próximos 10 años (2026-2035) serán una era en la que la estructura de la riqueza y las estrategias de inversión serán reconfiguradas de manera fundamental.
La crisis profunda que revela la “huelga de nacimiento” en la estructura social
Comencemos con los datos impactantes de Corea. La tasa de natalidad total en 2023 fue de 0.72, lo que significa que, en promedio, una mujer tendrá solo 0.72 hijos a lo largo de su vida. Este número está muy por debajo de lo que sería una dinámica poblacional normal, y claramente indica que los cimientos sociales están temblando.
En Japón, la situación también es grave. Se prevé que en 2025 los nacimientos caigan por debajo de 670,000, marcando el nivel más bajo desde que comenzaron las estadísticas en 1899. La velocidad de descenso incluso supera las predicciones más pesimistas del gobierno, lo que demuestra cuán radical es este fenómeno.
Detrás de esto hay un movimiento social real en Corea: la “movilización 4B” —“No casarse, no tener hijos, no enamorarse, no tener sexo”—. Aunque suena a ciencia ficción, es una realidad. La esencia de este movimiento es una “huelga de reproducción” contra el patriarcado capitalista. Bajo múltiples presiones —discriminación de género en el trabajo, distribución injusta de la carga de la crianza, estereotipos sociales—, las jóvenes han llegado a la conclusión racional de que “eliminar la descendencia” es la mejor opción.
El resultado es catastrófico. La velocidad de envejecimiento en Corea es la más rápida del mundo, y se estima que en 2065 la mitad de la población tendrá más de 65 años. Esto afectará no solo el sistema de pensiones, sino también la estructura de personal para la defensa nacional, generando un impacto profundo.
En Japón, los jóvenes caen en un estado de “baja aspiración”, sin interés en casarse ni tener hijos, y han perdido la creencia en la idea de que “el esfuerzo lleva a la prosperidad”. Lo que buscan ahora es satisfacción personal de bajo costo, una visión de vida “horizontal” al estilo budista.
Los países desarrollados occidentales tampoco son inmunes: la expansión del “vacío económico”
Este fenómeno no es exclusivo de Asia Oriental. En los países occidentales también se observa una tendencia demográfica similar, aunque las causas difieren, el resultado es el mismo.
La generación nacida en los 2000, conocida como la “Generación Z”, está envuelta en un profundo “vacío económico”. Han vivido en primera persona la crisis financiera de 2008, la expansión cuantitativa ilimitada en 2020 y la posterior inflación elevada. Por mucho que se esfuerce, sienten que el “sueño americano” o la vida de clase media están fuera de su alcance. La escalada de los precios inmobiliarios hace que comprar una casa sea una esperanza casi inalcanzable.
Cuando el diseño de vida tradicional —tener una casa, un coche, formar una familia— se vuelve inalcanzable, los jóvenes naturalmente optan por “disfrutar el presente” con sus recursos, o invierten en activos digitales de alto riesgo con la esperanza de “cambiar su vida”.
Tener hijos es, para ellos, un proyecto típico de “alto costo, largo plazo y bajo retorno inmediato”. Desde un cálculo económico racional, se excluye naturalmente de sus planes de vida.
Además, la “ansiedad climática” influye decisivamente en sus decisiones. Muchos jóvenes occidentales consideran tener hijos como “una acción inmoral que trae nuevas vidas a un mundo condenado a la destrucción”, una reflexión ética profunda que va más allá de consideraciones económicas.
La transferencia intergeneracional de activos de 84 billones de dólares: la aceleración hacia los activos digitales
Comprender esta tendencia de “reducción activa de población” revela el mayor evento en la próxima década: la mayor transferencia intergeneracional de riqueza en la historia de la humanidad.
En los próximos 20 años, especialmente en la década 2026-2035, se transferirán aproximadamente 84 billones de dólares del boom de la posguerra a las generaciones millennial y nacida en los 2000. Esto no es solo un movimiento de dinero, sino un cambio en la “naturaleza” del capital.
La riqueza de los baby boomers se concentra principalmente en bienes raíces, acciones blue-chip y fondos de pensiones tradicionales, confiando en la “retención a largo plazo” y la “inversión en valor”. Pero los nacidos en los 2000 son nativos digitales, criados en medio de internet, crisis financieras y burbujas de activos. ¿Seguirán la lógica de inversión de sus padres?
La respuesta es muy probable que no. La mayor parte del capital se dirigirá hacia activos digitales, especialmente criptomonedas y alternativas de inversión, que serán el principal combustible para esta transferencia. Esto encaja perfectamente con la tendencia del “vacío económico” antes mencionada.
Tres razones para preferir activos digitales
Desconfianza en el sistema financiero tradicional
Los nacidos en los 2000 han sido testigos directos de la crisis de 2008. Perciben que las monedas fiduciarias pierden valor continuamente y que el sistema bancario tradicional es ineficiente y controlado por unos pocos. Las criptomonedas descentralizadas como Bitcoin no son solo una inversión, sino un “activo refugio” y una forma de “protesta silenciosa”.
La inaccesibilidad de bienes raíces y su sustitución
El aumento de precios inmobiliarios y las predicciones de declive poblacional hacen que el valor a largo plazo de los bienes raíces sea incierto. Los jóvenes se sienten atraídos por activos digitales, que ofrecen alta liquidez, menor barrera de entrada y potencial de crecimiento explosivo.
Alta aversión al riesgo y deseo de “hacer una fortuna rápida”
Ya no se conforman con un retorno del 4-5% anual. La adopción de criptomonedas en los jóvenes es tres veces mayor que en sus padres, inclinándose hacia la especulación. La mentalidad de “la vida solo se vive una vez y hay que apostar todo” será un factor clave en la volatilidad del mercado en la próxima década.
Desdolarización y activos digitales: buscando una nueva base financiera
Con la transferencia intergeneracional en marcha, los próximos 10 años (2026-2035) serán cruciales para la desdolarización y la consolidación de los activos digitales. Esta tendencia no solo responde a factores geopolíticos, sino que está profundamente arraigada en las preferencias de inversión de los jóvenes.
El tamaño de la deuda de EE. UU. entrará en una fase de crecimiento insostenible. La Reserva Federal se verá forzada a monetizar en gran escala el déficit fiscal, imprimiendo dinero de forma continua, lo que erosionará la confianza en los activos en dólares en todo el mundo.
Los bancos centrales de cada país considerarán al oro como la primera reserva alternativa. Pero para los inversores jóvenes con grandes fondos, Bitcoin y las stablecoins serán el “oro digital” y el “dólar digital”. Lo ven no solo como herramientas especulativas, sino como un “Arca de Noé” contra la pérdida de poder adquisitivo de las monedas fiduciarias.
Al mismo tiempo, llegará una tendencia masiva de “tokenización de activos del mundo real” (RWA). Los jóvenes preferirán transacciones fragmentadas, 24/7, colocando en blockchain bienes como viviendas, obras de arte y bonos del Estado, aumentando la liquidez de los activos y redefiniendo la propiedad —“mi clave privada es mi propiedad”—. Esto será una de las mayores actualizaciones en infraestructura financiera en la próxima década, democratizando activos que antes tenían altas barreras de entrada.
El efecto Cantillon tecnológico: distribución no universal de la riqueza en la era de la IA
El progreso irreversible de la IA y los robots no es sin consecuencias. Existe un malentendido común: que el avance tecnológico beneficia automáticamente a todos. La ola de IA entre 2026 y 2035 probablemente agravará la desigualdad social. A esto llamaremos el “Efecto Cantillon tecnológico”.
En el efecto Cantillon clásico, la moneda recién impresa favorece inicialmente a quienes están más cerca de la máquina de impresión, enriqueciendo a los primeros en beneficiarse, y perjudicando a los últimos con la inflación. Lo mismo aplica en la era de la IA.
Los recursos clave de producción de la IA son la capacidad de cálculo, los datos y los modelos algorítmicos, que están altamente concentrados en unas pocas grandes tecnológicas y primeros inversores. La mayoría de la población no podrá poseer estos activos centrales.
A medida que la IA aumenta la productividad, la riqueza generada primero se reflejará en beneficios explosivos para las empresas tecnológicas y en subidas de sus acciones. Los accionistas y ejecutivos de estas compañías serán los “más cercanos a la máquina de impresión tecnológica”, disfrutando primero de los beneficios.
Para los trabajadores comunes, la IA no será una bendición, sino un “competidor”. Aunque los salarios nominales puedan subir, los aumentos en los precios de los activos (vivienda, acciones, educación, salud) no seguirán ese ritmo. La población general soportará tanto el “efecto deflacionario de la tecnología” (presión salarial) como el “efecto inflacionario de los activos” (desigualdad creciente).
Por ello, la estrategia de inversión debe ser clara: invertir en empresas que posean robots y hacer cortos en la mano de obra susceptible a la automatización. Debemos ser accionistas de la tecnología, no convertirse en su costo.
La emergencia de los mercados de predicción: la “gamificación” de los mercados financieros
Las turbulencias macroeconómicas y los cambios en el comportamiento inversor de los jóvenes están transformando profundamente los mercados financieros. La función tradicional de “descubrimiento de valor” se debilita, y surgen rápidamente “mercados de predicción de eventos” que sirven para cubrir incertidumbres y especular.
Plataformas como Polymarket y Kalshi han experimentado un crecimiento explosivo desde 2024 hasta 2025. Los usuarios pueden apostar dinero real a resultados específicos: elecciones, decisiones de la Reserva Federal, conflictos geopolíticos. Tras la aprobación regulatoria, Kalshi ha llegado a captar más del 60% del mercado mundial en ciertos momentos.
Esto no es solo juego, sino una herramienta de cobertura avanzada para inversores institucionales. A diferencia de los instrumentos tradicionales (oro, bonos), los mercados de predicción permiten coberturas precisas a nivel de eventos. Además, sus precios reflejan con frecuencia la opinión pública más que las encuestas, agrupando la sabiduría de la multitud en una “verdad” que puede ser más fiable.
Pero, con el flujo de fondos desde mercados tradicionales hacia estos mercados de predicción, surgen dos riesgos principales:
Primero, la “virtualización financiera”: el dinero se desplazará de empresas reales a juegos de suma cero, donde los jóvenes, en lugar de analizar los estados financieros, preferirán apostar en estos mercados, erosionando aún más la base del valor.
Segundo, la “distorsión y reflexividad de la realidad”: si los mercados de predicción crecen mucho, podrían influir en los resultados reales, manipulando la opinión pública o difundiendo desinformación, haciendo que los mercados financieros se conviertan en un instrumento que esclaviza a la realidad, donde la “verdad” se vuelve un juguete del capital.
Estrategia de activos para 2026-2035: un enfoque de equilibrio extremo
Con todo lo anterior, propongo una estrategia de asignación de activos para la próxima década que no se limite a la diversificación tradicional. Lo que se necesita es un “estrategia de equilibrio extremo”.
En el frente ofensivo, hay que aceptar la “monopolización tecnológica” y la “escasez digital”.
Primero, invertir en los beneficiarios del “Efecto Cantillon tecnológico”: concentrar en acciones, en las grandes tecnológicas que controlan capacidades de cálculo, datos privados y modelos de IA general. En la era de los “ganadores que se llevan todo”, las empresas tecnológicas de segundo nivel tendrán menos espacio para sobrevivir.
Luego, invertir en “escasez digital”: Bitcoin (actualmente $68.41K, -0.97% en 24h) es un activo clave contra la pérdida de valor de las monedas fiduciarias y debe ocupar un lugar importante en carteras de inversión de crecimiento. A medida que la generación nacida en los 2000 gane influencia, los activos digitales disfrutarán de un premium de liquidez.
Además, buscar en mercados emergentes “el residual del bono demográfico”. Evitar Asia Oriental, centrarse en India y el sudeste asiático, pero con cautela respecto a la capacidad de infraestructura y estabilidad política.
En el frente defensivo, hay que cubrirse contra “confusión” y “riesgos eventuales”.
Los inversores institucionales deben establecer estrategias específicas en plataformas reguladas como Kalshi para gestionar riesgos geopolíticos y de políticas abruptas.
Los activos reales también son clave. En un contexto de “vacío económico”, las buenas propiedades en ciudades principales y tierras en zonas con oferta limitada y refugio de “viejos ricos” mantendrán su valor, pero hay que tener cuidado con los riesgos de impuestos a la vivienda y concentrarse en regiones con oferta muy restringida.
Por último, el oro sigue siendo la reserva de activos no política, sirviendo como cobertura ante crisis de deuda soberana y como base de la asignación.
Activos a evitar
Los servicios laborales de bajo costo y alta intensidad, dependientes del aumento de la mano de obra, enfrentan doble presión por el encarecimiento de los costos laborales y la automatización por IA, poniendo en riesgo sus márgenes.
Las acciones tradicionales de consumo dependientes del crecimiento poblacional también son peligrosas. En una sociedad de “reducción activa de población”, el crecimiento de empresas en productos para bebés, moda masiva y bienes de consumo dependientes de la formación familiar se verá severamente afectado a largo plazo.
Conclusión: cómo afrontar la gran transformación
2026-2035 será una era de “gran selección”. La clave será detectar si se puede percibir la desesperación detrás de la tasa de natalidad de 0.72 en Corea, la privación detrás del “Efecto Cantillon” tecnológico, y la virtualización detrás de la “virtualización financiera”. La capacidad de distinguir estas realidades determinará si se puede preservar y aumentar la riqueza en esta gran transformación.
En un mundo que ya no ofrece un retorno beta universal, solo quedan alfa extremos. En esta nueva era, podemos ser accionistas tecnológicos, ganadores en eventos o simplemente convertirse en observadores de la época. La reconstrucción de la estrategia de inversión no es solo gestión del dinero, sino una visión para leer los tiempos.