Mejoras recursivas en el mercado de criptomonedas en 2025: el triángulo de capital institucional, infraestructura en cadena y normalización regulatoria

El mercado de criptomonedas ha alcanzado un punto de inflexión fundamental en 2025. Este cambio no es simplemente un aumento de precios o una modificación temporal de políticas, sino que es un fenómeno en el que la naturaleza del capital, la estructura de los activos y la claridad de las reglas se mejoran simultáneamente de manera recursiva. La transferencia de capital de individuos a instituciones, la evolución de los activos desde narrativas hacia un sistema de dólares en cadena en on-chain, y la transición de un marco regulatorio de incertidumbre a uno normalizado, son estos tres cambios los que están reconfigurando radicalmente las criptomonedas de “activos especulativos de alta volatilidad” a “infraestructura financiera modelable”.

El crecimiento de las instituciones como compradores límite y el inicio de la mejora recursiva

En las etapas iniciales del mercado de criptomonedas, los movimientos de precios estaban casi completamente impulsados por inversores individuales, capital especulativo a corto plazo y el sentimiento comunitario. El mercado mostraba una sensibilidad muy alta a la euforia en redes sociales, cambios en las narrativas y a los indicadores de actividad en cadena, lo que puede resumirse como una “beta comunitaria”. Dentro de este marco, los aumentos en los precios de los activos no estaban fundamentados en mejoras reales, sino en una rápida acumulación de FOMO, y cuando las expectativas se invertían, las ventas de pánico se propagaban rápidamente sin respaldo de capital a largo plazo.

Sin embargo, desde 2024 hasta 2025, esta estructura de largo plazo experimentó una transformación fundamental. La aprobación y operación exitosa del ETF de Bitcoin en Estados Unidos proporcionó por primera vez una vía legal para que grandes capitales institucionales puedan desplegarse de manera sistemática en criptoactivos. A diferencia de fideicomisos, futuros o gestión en cadena, los ETF ofrecen una estructura estandarizada, transparente y legalizada, reduciendo significativamente los costos operativos y regulatorios para la entrada institucional.

Hacia 2025, el capital institucional ya no se limita a “probar” los criptoactivos periódicamente, sino que absorbe continuamente posiciones a través de ETF, soluciones reguladas y productos de gestión de activos, evolucionando así en compradores límite del mercado. La clave de este cambio no es solo el tamaño del capital, sino la transformación en la naturaleza del mismo. La fuente de la demanda en el mercado se ha desplazado de inversores individuales impulsados por emociones a inversores institucionales que priorizan la asignación de activos y el riesgo presupuestario. Cuando cambian los compradores límite, también se reconfigura el mecanismo de formación de precios del mercado.

El principal rasgo del capital institucional es su menor frecuencia de operaciones y su mayor horizonte de tenencia. A diferencia de los inversores individuales que comercian frecuentemente basándose en fluctuaciones de precios a corto plazo y señales de opinión, las decisiones de fondos de pensiones, fondos soberanos, family offices y grandes hedge funds se basan en el rendimiento de carteras a mediano y largo plazo, sometidas a discusiones en comités de inversión, revisiones de gestión de riesgos y evaluaciones regulatorias. Estos mecanismos de decisión, en esencia, inhiben las operaciones impulsivas y las reequilibraciones de posiciones tienden a ser progresivas en lugar de reacciones emocionales de persecución.

A medida que la proporción de capital institucional aumenta continuamente, la estructura de negociación del mercado muestra una menor participación del trading de alta frecuencia y corto plazo, y las tendencias de precios reflejan más la dirección de la asignación de capital que las emociones inmediatas. Este cambio se refleja directamente en la estructura de volatilidad, especialmente en activos líquidos clave como Bitcoin y Ethereum. El mercado muestra una sensación de “orden estático” más cercana a los activos tradicionales, y los movimientos de precios dejan de depender completamente de saltos narrativos, retornando a una dinámica más fundamentada en restricciones de capital.

Al mismo tiempo, otro rasgo importante del capital institucional es su alta sensibilidad a variables macroeconómicas. El objetivo principal de la inversión institucional no es maximizar rentas absolutas, sino optimizar rentabilidad ajustada al riesgo, lo que hace que la asignación de activos esté profundamente influenciada por el entorno macroeconómico. Las tasas de interés, la contracción de liquidez, los cambios en la preferencia por el riesgo y las condiciones de arbitraje entre activos son variables clave en la reconfiguración de las posiciones. Cuando bancos centrales como la Reserva Federal ajustan sus políticas de tasas, las decisiones de asignación en cripto también se reevaluan. La lógica subyacente no es un cambio en la narrativa de confianza, sino un recálculo del costo de oportunidad y del riesgo en la cartera.

En resumen, el proceso en 2025 en el que el capital institucional se convierte en comprador límite implica que los criptoactivos avanzan desde una etapa de “narrativa impulsada y valoración emocional” hacia una de “dinámica de precios impulsada por liquidez y macroeconomía”. Este es el primer nivel de mejora recursiva del mercado de criptomonedas y sienta las bases para niveles superiores de evolución.

La completitud recursiva del sistema de dólares en cadena y RWA: la maduración de los stablecoins y los activos del mundo real

Si en 2025 la entrada masiva de capital institucional responde a la pregunta “¿quién compra criptoactivos?”, la maduración de los stablecoins y los tokens de activos del mundo real (RWA) responde a la cuestión fundamental de “¿qué se compra, con qué se paga y de dónde provienen las rentas?”. El mercado de criptomonedas ha dado un salto importante en 2025, pasando de un “experimento financiero en cadena de criptoactivos” a un “sistema financiero en dólares en cadena”.

Los stablecoins ya no son solo medios de intercambio o refugios, sino que han evolucionado hacia una base de pagos y fijación de precios en todo el sistema económico en cadena. En exchanges centralizados, protocolos descentralizados, RWA, derivados y escenas de pagos, los stablecoins conforman la trayectoria fundamental del flujo de fondos. Los datos de volumen en cadena muestran que los stablecoins se han convertido en una extensión importante del sistema global de dólares, con un volumen anual en cadena que alcanza decenas de billones de dólares, superando ampliamente a la mayoría de los sistemas de pago de un solo país. Esto significa que, en 2025, la blockchain asume por primera vez un papel de “red funcional de dólares”.

Más aún, la adopción generalizada de stablecoins ha transformado la estructura de riesgo del sistema financiero en cadena. Tras convertirse en la unidad de valoración básica, los participantes del mercado pueden realizar transacciones, préstamos y asignaciones de activos sin exposición directa a la volatilidad de los precios de los criptoactivos, reduciendo significativamente las barreras de entrada. Esto es especialmente importante para el capital institucional, que no busca en esencia rentas altas por volatilidad, sino flujos de caja previsibles y fuentes de rentas con riesgos controlados.

La maduración de los stablecoins ha permitido a las instituciones obtener exposición en cadena a “precios en dólares”, evitando así asumir riesgos de precios en criptomonedas tradicionales. Sobre esta base, la incorporación de los RWA, especialmente los grandes bonos del Tesoro estadounidense en cadena, ha sido uno de los avances estructurales más relevantes en 2025. A diferencia de los intentos iniciales de “activos sintéticos” o “mapeo de rentas”, los proyectos de RWA en 2025 comienzan a introducir activos del mundo real de bajo riesgo de manera más directa en la cadena, acercándose a la emisión de activos financieros tradicionales.

Los bonos del Tesoro en cadena ya no son solo narrativas conceptuales, sino que existen en formas auditables, rastreables y combinables. Sus flujos de caja tienen orígenes claros, su estructura de vencimientos es transparente y están directamente vinculados a la curva de tasas sin riesgo del sistema financiero tradicional. Esto representa la culminación recursiva del sistema de dólares en cadena.

No obstante, a medida que los stablecoins y los RWA se expanden rápidamente en 2025, también emergen con intensidad otras facetas del sistema en cadena, en particular las vulnerabilidades sistémicas potenciales. Los múltiples colapsos y eventos de fuga en los sectores de stablecoins de rendimiento y algorítmicos advierten sobre riesgos estructurales similares: apalancamiento implícito por estructuras recursivas de colateral, falta de transparencia en los colaterales y concentración excesiva del riesgo en unos pocos protocolos.

A medida que los stablecoins buscan mayores rentas mediante estrategias DeFi complejas, su estabilidad no proviene solo de los activos subyacentes, sino de supuestos implícitos sobre la prosperidad continua del mercado. Cuando estos fallan, la fuga puede derivar no solo en volatilidad técnica, sino en shocks sistémicos. Los eventos de 2025 muestran que el riesgo de los stablecoins no es si son “estables”, sino si su estabilidad puede ser claramente identificada y auditada.

Por ello, al mirar hacia 2026, el foco de investigación no será si los stablecoins y los RWA seguirán creciendo, sino en la “diferenciación de calidad”. La expansión del sistema en dólares en cadena es casi irreversible. La pregunta clave será la “calidad” de esa expansión: las diferencias en la transparencia de los colaterales, las estructuras de vencimiento, la separación de riesgos y el cumplimiento regulatorio de diferentes stablecoins influirán directamente en los costos de capital y en los escenarios de uso. Igualmente, las diferencias en los marcos legales, mecanismos de pago y estabilidad de rentas de diferentes productos RWA determinarán si pueden formar parte de una asignación institucional de activos.

El sistema de dólares en cadena comenzará a presentar una estructura de capas claramente diferenciadas. Los productos con alta transparencia, bajo riesgo y fuerte regulación tendrán costos de capital más bajos y mayor adopción, mientras que los productos que dependan de estrategias complejas y apalancamiento implícito tenderán a ser marginalizados o eliminados progresivamente. Este es el segundo nivel de mejora recursiva de la infraestructura en cadena.

La normalización regulatoria impulsa la mejora recursiva de la industria

En 2025, la regulación global de criptomonedas entra en una fase de normalización, reflejando cambios que no se limitan a leyes o eventos regulatorios específicos, sino a una transformación profunda en la “hipótesis de supervivencia” de toda la industria. Los años previos, el mercado de criptomonedas operó en un entorno institucional de alta incertidumbre, donde la cuestión central no era el crecimiento o la eficiencia, sino si esta industria podía existir.

La incertidumbre regulatoria se consideraba un riesgo sistémico, y al ingresar capital, a menudo se dejaba un margen adicional por posibles shocks regulatorios, riesgos de ejecución y cambios en políticas. En 2025, este problema de larga data comienza a resolverse de manera gradual. A medida que las principales jurisdicciones en Europa y Asia-Pacífico establecen marcos regulatorios relativamente claros y aplicables, el interés del mercado pasa de “¿puede existir?” a “¿puede escalarse bajo cumplimiento regulatorio?”. Estos cambios impactan profundamente en el comportamiento del capital, los modelos de negocio y la valoración de activos.

La clarificación regulatoria reduce significativamente las barreras institucionales para que el capital institucional ingrese en el mercado de criptomonedas. La incertidumbre en sí misma es un costo para los inversores institucionales, y la ambigüedad regulatoria a menudo implica riesgos de cola no cuantificables. A medida que los principales hitos, como stablecoins, ETF, plataformas de gestión y comercio, se enmarcan en un marco regulatorio más claro, las instituciones finalmente pueden evaluar riesgos y rentabilidades dentro de un marco regulatorio y de gestión de riesgos establecido. Este cambio no es una relajación de la regulación, sino una mayor previsibilidad. La previsibilidad misma se vuelve una condición previa para la entrada masiva de capital.

Con límites regulatorios más claros, las instituciones pueden aceptar estas restricciones a través de sus procesos internos, estructuras legales y modelos de riesgo, considerándolas variables controlables, y no variables incontrolables. Como resultado, más capital a largo plazo comienza a ingresar de manera sistemática, aumentando en profundidad y escala, y los criptoactivos se integran progresivamente en sistemas de asignación de activos más amplios.

Más aún, la normalización regulatoria ha cambiado la lógica competitiva a nivel de empresas y protocolos. La profunda influencia de la normalización radica en la reconfiguración de la organización industrial. A medida que los requisitos regulatorios se materializan en etapas de emisión, comercio, gestión y pago, la industria de criptomonedas muestra una tendencia creciente hacia la concentración y la plataforma.

Más productos se emitirán y distribuirán en plataformas regulatorias, y las actividades de comercio se concentrarán en lugares con licencias e infraestructura regulatoria. La emisión de tokens evolucionará desde ventas P2P desorganizadas hacia procesos más estandarizados y cercanos a los mercados de capital tradicionales, formando una nueva modalidad de “capitalización en internet”. Dentro de este sistema, la emisión, divulgación, períodos de bloqueo, distribución y liquidez en mercados secundarios se integran más estrechamente, y las expectativas de riesgo y rentabilidad de los participantes del mercado se vuelven más estables.

Estos cambios en la organización industrial se reflejan directamente en los métodos de valoración de activos. En ciclos anteriores, la valoración de criptoactivos dependía en gran medida de narrativas, crecimiento de usuarios y TVL. Desde 2026, en un entorno regulatorio cuantificable, los modelos de valoración comienzan a incorporar nuevas variables: participación de capital regulatorio, costos regulatorios, estabilidad de la estructura legal, transparencia de reservas y acceso a canales regulatorios de distribución, que se vuelven variables clave en la valoración.

El mercado empieza a asignar a diferentes proyectos y plataformas un “prima institucional” o “descuento institucional”. Los actores que operan eficazmente dentro del marco regulatorio y internalizan los beneficios regulatorios podrán acceder a financiamiento con costos de capital más bajos, mientras que los modelos que dependen de arbitraje regulatorio enfrentan riesgos de valoración y marginalización. Este es el proceso de mejora recursiva de la industria impulsada por la normalización regulatoria.

Perspectivas para 2026: un sistema recursivo de capital, rentas y reglas

El punto de inflexión del mercado de criptomonedas en 2025 implica que tres cosas ocurren simultáneamente: el capital pasa de individuos a instituciones, los activos se configuran desde narrativas hacia un sistema de dólares en cadena en on-chain, y las reglas cambian de un estado gris a un marco regulatorio normalizado. Estos tres elementos reconfiguran radicalmente las criptomonedas de “activos especulativos de alta volatilidad” a “infraestructura financiera modelable”, y todo este proceso constituye la mejora recursiva del mercado de criptomonedas.

De cara a 2026, la investigación y la inversión deben centrarse en tres variables clave. Primero, la intensidad con la que las tasas de interés y la liquidez macroeconómica se transmiten a las criptomonedas. En la era liderada por capital institucional, el mercado ya no reacciona solo a narrativas, sino que se mueve de manera sensible a las condiciones macro globales. Segundo, la diferenciación en la calidad del dólar en cadena y la sostenibilidad de las rentas reales. No basta con el crecimiento simple de stablecoins, sino que importa qué stablecoins pueden formar parte de carteras institucionales. Tercero, los costos regulatorios y la capacidad de distribución, que conforman la muralla institucional. La capacidad de adaptarse a un marco regulatorio será la verdadera fuente de competencia.

En este nuevo paradigma, los ganadores no serán los proyectos que cuenten la mejor historia, sino aquellos que puedan expandirse continuamente bajo las restricciones de capital, rentas y reglas, y que puedan convertirse en infraestructura y activos en el proceso. Esa será la nueva ordenación cualitativa a la que llegará la mejora recursiva del mercado de criptomonedas.

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