Cuando una identidad digital única se convierte en la clave maestra de tu cuenta bancaria, tu empleo y tu acceso a servicios cotidianos, el cumplimiento deja de ser opcional y se vuelve obligatorio.
Esto no es un escenario hipotético que se desarrolla en una ficción distópica. La infraestructura ya está en marcha. Los sistemas están en funcionamiento. Tu autonomía financiera ahora está vinculada a mecanismos de autenticación centralizados, y una vez que esa conexión se establece, pierdes la capacidad de optar por no participar.
Esa es la verdadera conversación que deberíamos tener sobre la libertad financiera en la era de la vigilancia.
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Cuando una identidad digital única se convierte en la clave maestra de tu cuenta bancaria, tu empleo y tu acceso a servicios cotidianos, el cumplimiento deja de ser opcional y se vuelve obligatorio.
Esto no es un escenario hipotético que se desarrolla en una ficción distópica. La infraestructura ya está en marcha. Los sistemas están en funcionamiento. Tu autonomía financiera ahora está vinculada a mecanismos de autenticación centralizados, y una vez que esa conexión se establece, pierdes la capacidad de optar por no participar.
Esa es la verdadera conversación que deberíamos tener sobre la libertad financiera en la era de la vigilancia.