Muchos tokens de criptomonedas luchan porque nunca encuentran un ajuste real entre producto y mercado. Los equipos lanzan con hype y hojas de ruta, pero cuando los usuarios realmente interactúan con el protocolo o la aplicación, la propuesta de valor se desmorona. La mecánica del token no se alinea con una utilidad genuina, el comercio se vuelve puramente especulativo, y una vez que el impulso desaparece, no hay nada que mantenga unido el proyecto. La dura realidad: construir un token no es suficiente—necesitas resolver un problema real que la gente quiera solucionar, o al menos crear algo con lo que realmente quieran comprometerse a largo plazo. Sin eso, incluso el mejor marketing no puede salvar un token condenado.
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Muchos tokens de criptomonedas luchan porque nunca encuentran un ajuste real entre producto y mercado. Los equipos lanzan con hype y hojas de ruta, pero cuando los usuarios realmente interactúan con el protocolo o la aplicación, la propuesta de valor se desmorona. La mecánica del token no se alinea con una utilidad genuina, el comercio se vuelve puramente especulativo, y una vez que el impulso desaparece, no hay nada que mantenga unido el proyecto. La dura realidad: construir un token no es suficiente—necesitas resolver un problema real que la gente quiera solucionar, o al menos crear algo con lo que realmente quieran comprometerse a largo plazo. Sin eso, incluso el mejor marketing no puede salvar un token condenado.