La carrera se intensifica: por qué 2026 importa para los sistemas cuánticos
La computación cuántica sigue siendo una de las fronteras más prometedoras pero no probadas de la tecnología. Aunque la adopción generalizada aún está a años de distancia, 2026 se perfila como un punto de inflexión crítico—el año en que varias empresas podrían demostrar sistemas comercialmente viables que transformen el panorama de la computación. La carrera está en marcha entre los principales actores, cada uno aportando diferentes fortalezas: bolsillos profundos, ventajas en infraestructura o avances tecnológicos revolucionarios.
IonQ: La ventaja en precisión en un campo concurrido
IonQ (NYSE: IONQ) se destaca como una empresa de computación cuántica pura, y su estrategia de supervivencia depende de una métrica crítica: la reducción de errores. Aquí es donde IonQ ya ha demostrado una superioridad medible.
Todos los sistemas cuánticos existentes enfrentan un problema fundamental—la corrección de errores cuánticos. Las máquinas actuales están plagadas de errores que las hacen imprácticas para aplicaciones del mundo real. Toda la industria reconoce esto como el cuello de botella que impide que la computación cuántica sea realmente útil.
IonQ posee el récord mundial de fidelidad en puertas de dos qubits, con un 99.99%—una cifra que ningún competidor ha igualado. La compañía superó el 99.9% de fidelidad en septiembre de 2024 y alcanzó el 99.99% en octubre de 2025. Si los competidores siguen curvas de desarrollo similares, IonQ podría haber asegurado una ventaja de un año. Si esa ventaja resulta decisiva frente a gigantes bien capitalizados, aún no está claro, pero entre las empresas cuánticas independientes, IonQ representa la apuesta de mayor convicción. Si la compañía mantiene su trayectoria, 2026 podría ser el año en que su acción capte la atención del mercado.
Alphabet y Microsoft: La cobertura del hyperscaler
Alphabet (NASDAQ: GOOG, GOOGL) y Microsoft (NASDAQ: MSFT) abordan la computación cuántica de manera diferente—no como un negocio principal, sino como un seguro estratégico. Ambos gigantes tecnológicos están invirtiendo sustancialmente en desarrollo cuántico, impulsados por sus enormes operaciones de computación en la nube.
La lógica es convincente: si pueden desarrollar capacidades de computación cuántica internamente, controlan los márgenes y los costos. Luego pueden alquilar capacidad cuántica a través de sus plataformas en la nube, similar a como hacen hoy con infraestructura GPU. Esta integración vertical protege su posición competitiva.
Pero hay otra dimensión en su estrategia. Si una startup lleva la computación cuántica al mercado primero, estos hyperscalers simplemente adquieren la tecnología, la integran en sus centros de datos y mantienen su dominio en el mercado. Es un escenario en el que uno gana y el otro no pierde.
El verdadero riesgo para cada empresa: si una logra un avance cuántico mientras la otra se estanca, los clientes de la nube podrían cambiar para acceder a esa capacidad revolucionaria. Esta presión competitiva mantiene a Alphabet y Microsoft muy comprometidos con el avance en computación cuántica.
Sin embargo, específicamente en 2026, la computación cuántica no será un motor de ingresos material para ninguna de las dos empresas. Su rendimiento en bolsa dependerá en cambio del impulso de la inteligencia artificial—ambas tienen posiciones fuertes en IA que eclipsarán el progreso cuántico. Para los inversores, esto significa exposición al desarrollo de la computación cuántica sin apostar toda la cartera a ello.
Nvidia: Construyendo el puente, no el destino
Nvidia (NASDAQ: NVDA) ha asumido un papel de apoyo en el ecosistema de la computación cuántica, lo cual paradójicamente fortalece su posición. La compañía declaró explícitamente que no desarrollará computadoras cuánticas, pero creó NVQLink—un sistema que crea conectividad de alta velocidad entre procesadores cuánticos y supercomputadoras tradicionales.
Esta arquitectura híbrida es crucial: las computadoras cuánticas sobresalen en problemas específicos, pero tienen dificultades con otros que los sistemas clásicos manejan fácilmente. Al conectar ambos mundos, NVQLink hace que la computación cuántica a gran escala sea prácticamente viable y ayuda a resolver el desafío de la corrección de errores cuánticos.
La estrategia de Nvidia es elegante: al proporcionar tecnología de conexión esencial, la compañía asegura que su hardware siga siendo indispensable sin importar qué arquitectura cuántica domine finalmente. Además, obtiene exposición a startups cuánticas emergentes sin asumir todo su riesgo técnico.
A corto plazo, la computación cuántica no impactará significativamente en las finanzas de Nvidia. Pero al anclarse en la capa de infraestructura cuántica, Nvidia protege su futuro mientras mantiene su dominio actual en GPU.
Mirando hacia 2026
El panorama de la computación cuántica en 2026 probablemente mostrará a IonQ demostrando si sus ventajas en precisión se traducen en viabilidad comercial, mientras que Alphabet y Microsoft avanzan discretamente con sus propios sistemas tras bambalinas. Nvidia seguirá habilitando todo el ecosistema a través de infraestructura clave.
Ninguna de estas inversiones es “segura”—la computación cuántica sigue siendo experimental. Pero cada empresa se ha posicionado con un enfoque específico: liderazgo técnico puro, profundidad estratégica o infraestructura habilitadora. Los ganadores en 2026 serán aquellos que ejecuten en función de estas ventajas distintas.
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Cuatro líderes en computación cuántica posicionados para grandes avances en 2026
La carrera se intensifica: por qué 2026 importa para los sistemas cuánticos
La computación cuántica sigue siendo una de las fronteras más prometedoras pero no probadas de la tecnología. Aunque la adopción generalizada aún está a años de distancia, 2026 se perfila como un punto de inflexión crítico—el año en que varias empresas podrían demostrar sistemas comercialmente viables que transformen el panorama de la computación. La carrera está en marcha entre los principales actores, cada uno aportando diferentes fortalezas: bolsillos profundos, ventajas en infraestructura o avances tecnológicos revolucionarios.
IonQ: La ventaja en precisión en un campo concurrido
IonQ (NYSE: IONQ) se destaca como una empresa de computación cuántica pura, y su estrategia de supervivencia depende de una métrica crítica: la reducción de errores. Aquí es donde IonQ ya ha demostrado una superioridad medible.
Todos los sistemas cuánticos existentes enfrentan un problema fundamental—la corrección de errores cuánticos. Las máquinas actuales están plagadas de errores que las hacen imprácticas para aplicaciones del mundo real. Toda la industria reconoce esto como el cuello de botella que impide que la computación cuántica sea realmente útil.
IonQ posee el récord mundial de fidelidad en puertas de dos qubits, con un 99.99%—una cifra que ningún competidor ha igualado. La compañía superó el 99.9% de fidelidad en septiembre de 2024 y alcanzó el 99.99% en octubre de 2025. Si los competidores siguen curvas de desarrollo similares, IonQ podría haber asegurado una ventaja de un año. Si esa ventaja resulta decisiva frente a gigantes bien capitalizados, aún no está claro, pero entre las empresas cuánticas independientes, IonQ representa la apuesta de mayor convicción. Si la compañía mantiene su trayectoria, 2026 podría ser el año en que su acción capte la atención del mercado.
Alphabet y Microsoft: La cobertura del hyperscaler
Alphabet (NASDAQ: GOOG, GOOGL) y Microsoft (NASDAQ: MSFT) abordan la computación cuántica de manera diferente—no como un negocio principal, sino como un seguro estratégico. Ambos gigantes tecnológicos están invirtiendo sustancialmente en desarrollo cuántico, impulsados por sus enormes operaciones de computación en la nube.
La lógica es convincente: si pueden desarrollar capacidades de computación cuántica internamente, controlan los márgenes y los costos. Luego pueden alquilar capacidad cuántica a través de sus plataformas en la nube, similar a como hacen hoy con infraestructura GPU. Esta integración vertical protege su posición competitiva.
Pero hay otra dimensión en su estrategia. Si una startup lleva la computación cuántica al mercado primero, estos hyperscalers simplemente adquieren la tecnología, la integran en sus centros de datos y mantienen su dominio en el mercado. Es un escenario en el que uno gana y el otro no pierde.
El verdadero riesgo para cada empresa: si una logra un avance cuántico mientras la otra se estanca, los clientes de la nube podrían cambiar para acceder a esa capacidad revolucionaria. Esta presión competitiva mantiene a Alphabet y Microsoft muy comprometidos con el avance en computación cuántica.
Sin embargo, específicamente en 2026, la computación cuántica no será un motor de ingresos material para ninguna de las dos empresas. Su rendimiento en bolsa dependerá en cambio del impulso de la inteligencia artificial—ambas tienen posiciones fuertes en IA que eclipsarán el progreso cuántico. Para los inversores, esto significa exposición al desarrollo de la computación cuántica sin apostar toda la cartera a ello.
Nvidia: Construyendo el puente, no el destino
Nvidia (NASDAQ: NVDA) ha asumido un papel de apoyo en el ecosistema de la computación cuántica, lo cual paradójicamente fortalece su posición. La compañía declaró explícitamente que no desarrollará computadoras cuánticas, pero creó NVQLink—un sistema que crea conectividad de alta velocidad entre procesadores cuánticos y supercomputadoras tradicionales.
Esta arquitectura híbrida es crucial: las computadoras cuánticas sobresalen en problemas específicos, pero tienen dificultades con otros que los sistemas clásicos manejan fácilmente. Al conectar ambos mundos, NVQLink hace que la computación cuántica a gran escala sea prácticamente viable y ayuda a resolver el desafío de la corrección de errores cuánticos.
La estrategia de Nvidia es elegante: al proporcionar tecnología de conexión esencial, la compañía asegura que su hardware siga siendo indispensable sin importar qué arquitectura cuántica domine finalmente. Además, obtiene exposición a startups cuánticas emergentes sin asumir todo su riesgo técnico.
A corto plazo, la computación cuántica no impactará significativamente en las finanzas de Nvidia. Pero al anclarse en la capa de infraestructura cuántica, Nvidia protege su futuro mientras mantiene su dominio actual en GPU.
Mirando hacia 2026
El panorama de la computación cuántica en 2026 probablemente mostrará a IonQ demostrando si sus ventajas en precisión se traducen en viabilidad comercial, mientras que Alphabet y Microsoft avanzan discretamente con sus propios sistemas tras bambalinas. Nvidia seguirá habilitando todo el ecosistema a través de infraestructura clave.
Ninguna de estas inversiones es “segura”—la computación cuántica sigue siendo experimental. Pero cada empresa se ha posicionado con un enfoque específico: liderazgo técnico puro, profundidad estratégica o infraestructura habilitadora. Los ganadores en 2026 serán aquellos que ejecuten en función de estas ventajas distintas.