Un modelo de token de un proyecto suele reflejar su verdadera orientación de valor. Al desglosar el diseño de tokens de un protocolo de almacenamiento, verás un marco económico que merece la pena reflexionar.
La oferta total de tokens de este proyecto es de 50 mil millones. ¿Cómo se distribuyen? Lo más interesante es este número: el 43% va directamente a la reserva comunitaria, para incentivos ecológicos y operaciones a largo plazo. En comparación, las airdrops a usuarios representan el 10%, y la participación de inversores solo el 7%. Esta estructura de proporciones indica un problema: la mayor parte del valor generado se reserva para los participantes del ecosistema y no para los financiadores iniciales.
Desde un punto de vista funcional, este token cumple tres roles. Primero, la función de pago: los usuarios lo necesitan para pagar las tarifas de almacenamiento, con un coste muy bajo (aproximadamente 0.2 tokens por cada GB al año). En segundo lugar, la seguridad: mediante el staking para participar en el consenso de la red, se puede obtener un rendimiento anualizado del 8-15%. Tercero, el peso en la gobernanza: los poseedores pueden votar para decidir ajustes en las tarifas de almacenamiento, parámetros de los nodos y otros asuntos clave.
Lo interesante también es el diseño deflacionario. Las penalizaciones por staking a corto plazo, las sanciones a nodos ineficientes y otras situaciones, se destruirán directamente los tokens. A medida que aumenta el uso, esta presión de destrucción persistirá, creando teóricamente un soporte interno para el valor del token.
El proyecto ya ha lanzado la primera ronda de airdrops, distribuyendo el 4% del total de tokens a participantes de pruebas y miembros activos de la comunidad mediante NFT. En el futuro, se lanzarán más planes de incentivos. Este enfoque de diseño del mecanismo merece atención: distribuye más los derechos de participación y beneficios a los verdaderos constructores, en lugar de solo a los financiadores iniciales.
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Un modelo de token de un proyecto suele reflejar su verdadera orientación de valor. Al desglosar el diseño de tokens de un protocolo de almacenamiento, verás un marco económico que merece la pena reflexionar.
La oferta total de tokens de este proyecto es de 50 mil millones. ¿Cómo se distribuyen? Lo más interesante es este número: el 43% va directamente a la reserva comunitaria, para incentivos ecológicos y operaciones a largo plazo. En comparación, las airdrops a usuarios representan el 10%, y la participación de inversores solo el 7%. Esta estructura de proporciones indica un problema: la mayor parte del valor generado se reserva para los participantes del ecosistema y no para los financiadores iniciales.
Desde un punto de vista funcional, este token cumple tres roles. Primero, la función de pago: los usuarios lo necesitan para pagar las tarifas de almacenamiento, con un coste muy bajo (aproximadamente 0.2 tokens por cada GB al año). En segundo lugar, la seguridad: mediante el staking para participar en el consenso de la red, se puede obtener un rendimiento anualizado del 8-15%. Tercero, el peso en la gobernanza: los poseedores pueden votar para decidir ajustes en las tarifas de almacenamiento, parámetros de los nodos y otros asuntos clave.
Lo interesante también es el diseño deflacionario. Las penalizaciones por staking a corto plazo, las sanciones a nodos ineficientes y otras situaciones, se destruirán directamente los tokens. A medida que aumenta el uso, esta presión de destrucción persistirá, creando teóricamente un soporte interno para el valor del token.
El proyecto ya ha lanzado la primera ronda de airdrops, distribuyendo el 4% del total de tokens a participantes de pruebas y miembros activos de la comunidad mediante NFT. En el futuro, se lanzarán más planes de incentivos. Este enfoque de diseño del mecanismo merece atención: distribuye más los derechos de participación y beneficios a los verdaderos constructores, en lugar de solo a los financiadores iniciales.