El enfrentamiento de políticas monetarias: cómo la divergencia global redibuja los mercados de divisas en 2026

La bifurcación de las estrategias de política monetaria entre la Reserva Federal y sus homólogos internacionales comiencen a generar presiones sin precedentes en los mercados cambiarios. Mientras Washington mantiene su orientación expansiva, Europa, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda se aferran a posturas restrictivas o aceleran ciclos de endurecimiento. Goldman Sachs y otros analistas advierten que este contraste será el catalizador principal de la volatilidad cambiaria durante 2026, con el dólar estadounidense enfrentando depreciación sostenida como resultado directo.

El contraste de trayectorias: la Fed acomoda mientras otros se mantienen firmes

La decisión más reciente de la Reserva Federal confirmó un recorte de 25 puntos básicos, en línea con las expectativas del mercado. Sin embargo, el verdadero significado reside en la dirección futura: las principales instituciones financieras prevén que los recortes continuarán a lo largo de 2026, consolidando una fase acomodaticia que contrasta marcadamente con el resto del mundo desarrollado.

Rich Privorotsky, de Goldman Sachs, subraya que aunque la declaración de Powell incluyó lenguaje cauteloso sobre la tasa neutral, el tono general sigue siendo dovish. En paralelo, los responsables del Banco Central Europeo han sido explícitos: no replicarán automáticamente los movimientos estadounidenses. François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, enfatizó que la noción de que el BCE “seguirá paso a paso” a la Fed es un malentendido fundamental, argumentando que la política monetaria europea ya presenta un sesgo más flexible que la estadounidense.

Cronología de recortes esperados: cuando llega el próximo movimiento

JPMorgan y Citi proyectan un nuevo recorte en enero del próximo año, considerando que el ciclo acomodaticio aún se encuentra en sus fases iniciales. Goldman Sachs, Wells Fargo y Barclays, en cambio, anticipan que la ventana de recortes se abrirá en marzo, con posibilidades de un segundo movimiento hacia junio.

Morgan Stanley estima un recorte adicional en abril, mientras que Citi contempla otro en marzo, sugiriendo una cadencia más acelerada. El rango actual de la Fed, fijado en 3,5%-3,75%, aún deja espacio considerable para reducción adicional en 2026.

El mecanismo de transmisión: cómo el cambio en divisas reshape la política del BCE

El verdadero conflicto no es de palabras sino de mecánica de mercado. La apreciación del euro frente al dólar impone restricciones reales sobre las decisiones del Banco Central Europeo mediante un canal específico: la inflación. Desde principios de 2025, el euro se ha revaluado aproximadamente 12% frente al billete verde, un movimiento que ejerce presión desinflacionaria en toda la zona euro.

Philip Lane, economista jefe del BCE, ha cuantificado este efecto: una apreciación cambiaria del 10% reduce la inflación en los siguientes tres años, con impactos más concentrados en el primer año cuando la presión de precios disminuye 0,6 puntos porcentuales en comparación con escenarios alternativos. Este fenómeno opera por dos vías simultáneamente: primero, los bienes importados se abaratan directamente; segundo, el euro fortalecido debilita la competitividad exportadora, frenando el crecimiento económico y contrayendo presiones inflacionarias de fondo.

Las proyecciones internas del BCE ya han rebajado la inflación esperada para 2026 al 1,7%, por debajo del objetivo del 2%. Si la Fed acelera recortes y el dólar se deteriora aún más, estimulando mayor apreciación del euro, la trayectoria de recuperación inflacionaria para 2027 enfrentará presiones adicionales.

La paradoja de la independencia: cuándo la restricción fáctica domina el discurso

Los funcionarios del BCE han repetido insistentemente que mantienen independencia absoluta de las acciones estadounidenses. Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo, afirmó directamente que cambios en la política de Washington no tendrán impacto directo en las decisiones de Frankfurt, llegando a sugerir que el próximo movimiento del BCE podría ser un alza de tasas.

Sin embargo, existe un contraste entre la retórica oficial y la mecánica económica real. El BCE asume en sus modelos de proyección que el tipo de cambio del euro permanecerá aproximadamente en niveles actuales durante 2026-2027. Pero si el ritmo o magnitud de recortes de la Fed superan expectativas actuales y el dólar continúa depreciándose, impulsando apreciación pasiva del euro, emergerá presión política nueva.

Lo que emerge es esencialmente una cadena de transmisión implícita pero potente: recortes de tasas de la Fed generan debilitamiento del dólar, lo que produce apreciación del euro, intensificando presión desinflacionaria en la eurozona, lo que eventualmente podría forzar al BCE a bajar tasas, aunque mantenga la independencia en el discurso, el mecanismo de transmisión entre tipo de cambio e inflación impone una “restricción de facto” sobre las decisiones de política.

Precedentes y divergencias estructurales

Este no es el primer episodio de divergencia entre Washington y Europa. A mediados de 2024, el BCE comienzó su ciclo de recortes antes que la Reserva Federal, que en ese momento mantenía tasas sin cambios. Villeroy observó entonces que aunque existan diferencias en ritmos de política, los mercados de divisas ya descontaban esta situación sin generar volatilidad extrema; situaciones similares han reaparecido varias veces en la última década.

Sin embargo, las diferencias estructurales actuales son sustanciales. La Fed ha reducido su rango al 3,5%-3,75%, mientras la tasa clave del BCE se ubica en 2% tras el recorte de junio. Los espacios de política y las situaciones inflacionarias divergen fundamentalmente entre ambas jurisdicciones, complicando cualquier sincronización de movimientos.

Lane ha dejado clara la tolerancia del BCE: no reaccionará ante desviaciones “pequeñas y temporales” de la inflación, pero sí ante desviaciones “grandes y persistentes”. La pregunta que enfrentará es si la apreciación del euro inducida por la depreciación del dólar constituirá la clase de presión que dispara un ajuste de política, independientemente de las declaraciones de autonomía.

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